Por Eduardo Goldman (1990)
FREUD: ¿Me ha llamado Usted, Herr Dios?
DIOS: Tú siempre tan formal, Sigmund.
FREUD: Vicios del psicoanálisis, Herr Dios. ¿Qué puedo hacer por Usted?
DIOS: Ven aquí, hijo. Dime, ¿cómo la
estás pasando en el Paraíso? ¿Te diviertes?
FREUD: Mucho, Herr Dios. Justamente charlaba con San Judas, buscando indagar en
cierto complejo de culpa que parece haber reprimido, y con San Francisco de
Asís, de quien sospecho tiene algún componente exhibicionista.
DIOS: Me alegro de que la pases bien.
Escucha, yo te llamaba para consultarte un caso.
FREUD: ¡Con mucho gusto, Herr Dios! ¡Será un placer ayudarlo! Recuéstese en la
nube, por favor.
DIOS: No se trata de Mí, hijo.
FREUD: Todos dicen lo mismo.
DIOS: Hablo de un país al que intento
hacer madurar.
FREUD: ¿Un país?
DIOS: Sí, la Argentina.
FREUD: Hmm. Caso extremadamente difícil. Dicen que a la Argentina no la arregla
ni Dios.
DIOS: Estoy haciendo un último esfuerzo.
Mira, tú no tienes idea de lo exitistas que son estos argentinos.
FREUD: Oí un rumor al respecto.
DIOS: Resulta que para el Mundial de
Fútbol les eché unas cuantas plagas, como para empezar a ablandarlos. Produje
lesiones en la mayoría del equipo, hinché el tobillo de Maradona, y para mejor, los hice perder en el
partido inaugural contra Camerún. ¿Entiendes, Sigmund?
FREUD: ¿Qué es el fútbol, Herr Dios?
DIOS: ¡Cómo! ¿No sabes qué es el fútbol?
FREUD: No. Pero sé lo que es una histérica polimórficamente perversa.
DIOS: Bueno... Se trata de un deporte
que inventé para que la gente se divirtiese al aire libre, bajo los rayos del
sol. Aunque hasta ahora sólo he conseguido que se amargara la vida frente a un
aparato de TV. ¡Triste fracaso el Mío!
FREUD: No se culpe, Herr Dios. Errar es humano... y también divino, claro.
DIOS: Como te iba diciendo... luego de
su derrota en el partido inaugural del Mundial ’90, los argentinos enfriaron su
habitual triunfalismo para caer en un pesimismo a toda prueba.
FREUD: Maníaco-depresivos, muy típico.
DIOS: Entonces les di una manito. Poco a
poco, con fe y esfuerzo fueron logrando cosas, ascendiendo en el campeonato. Y
llegaron hasta la misma final.
FREUD: ¿Y la ganaron?
DIOS: No, perdieron con Alemania. Fue lo
mejor que les podía suceder.
FREUD: Hmm. Con todo respeto, Herr Dios, ¿tiene Usted algo en contra del éxito?
DIOS: No contra el éxito sino contra el
“exitismo”. Es justamente su pasión exitista lo que les impide trabajar para
alcanzar el éxito.
FREUD: ¡Mein Gott! A mí me llevaba semanas armar una frase como ésa.
DIOS: Por eso digo que les vino bien
perder la final. Festejaron el subcampeonato sin llorar ni golpearse el pecho,
aprendieron que un segundo puesto también es muy meritorio. De alguna manera...
los argentinos han madurado, ¿no?
FREUD: Digamos que han dejado el autoerotismo.
DIOS: Y ahora no hago más que preguntarme si podrán seguir creciendo, si
realmente podrán alcanzar el destino que he preparado para ellos.
FREUD: Hmm... Quisiera hacerle notar que se ve Usted muy preocupado por este
tema.
DIOS: Es cierto.
FREUD: Hay como una especie de sobreprotección para con los argentinos,
¿verdad?
DIOS: Ahora que lo mencionas... creo que
sí. Tienes razón, hijo.
FREUD: ¿Cuánto hace que Le sucede esto?
DIOS: Déjame pensar...
FREUD: Recuéstese en la nube, por favor.
DIOS: Sí... Bueno... Todo empezó hace
174 años, cuando la Independencia argentina y... No, no... Creo que empezó
mucho antes...
No hay comentarios:
Publicar un comentario